lunes, 2 de noviembre de 2009

EL PROFETA DEL WAAGH!.

Ghazghkull salió del kamión orko que le transportaba seguido de una peña de orkos bajo su mando. Emitió un grito de furia mientras el resto de la horda se batía en los desiertos contra los demonios procedentes de la Disformidad. No tenía ni la más remota idea de cómo habrían podido llegar a aquel lugar, pero la cuestión no le molestaba. Sólo el ansia de verter sangre y sembrar la destrucción entre sus enemigos ocupaba la exigua masa cerebral de Thraka.

A su lado izquierdo, los nobles al mando del matazanoz Gobsnik cargaban contra los desangradores de Khorne con fiereza. El reparto de golpes se sucedió con el resultado de cuatro nobles hechos pedazos sobre la arena y la mayor parte de los demonios convertidos en icor maloliente y burbujeante. Los demonios no huían y eran un enemigo perfecto para los nobles, que rugieron de alegría y entusiasmados, cargaron de nuevo sobre otros nuevos enemigos.

Por su parte, Ghazghkull llevó a sus chikoz hasta luchar contra los demonios de Tzeentch, que disparaban desde sus manos mortales bolas de energía que consumían a los orkos que se acercaban. Sin prestar atención a las bajas, la peña chocó contra los demonios, pero aquellas criaturas eran escurridizas y de alguna manera se la habían ingeniado para acabar con varios chikoz antes de que éstos pudieran atacarles. No eran rival para los orkos así que en cuestión de tiempo acabarían de vuelta a sus hogares en la Disformidad. Ghazghkull refunfuñó ante unos enemigos tan penosos contra los que enfrentarse, y cuando estaba a punto de estampar su garra de combate sobre un orko cercano, algo se estremeció en el aire a pocos metros de él. Los Zakeadorez, apostados en una duna, abrieron fuego contra lo que apareció del agujero disforme: una enorme criatura con la armadura repleta de caras que le hacían muecas y le observaban burlonas mientras del cráneo sendos cuernos emergían.

-Ezte ez pa mi.- Avisó Ghazghkull a pleno pulmón mientras se lanzaba sobre el príncipe demonio. Éste le recibió con un giro mortal de su espada demoníaca, pero el Profeta del Waagh paró su golpe con la garra de combate y abrió fuego con su akribillador sobre el rostro del príncipe demonio. Al principio, el aura que envolvía a aquella abominación pareció protegerle de los primeros proyectiles, pero después, un par de éstos le arrancaron el cuerno izquierdo y parte del rostro. Cuando el Príncipe Demonio se echaba hacia atrás, Ghazghkull le atrapaba la cabeza con su garra de combate y cerrándola de repente, destrozaba la cabeza del Príncipe Demonio, a pesar de que la protección sobrenatural de éste parecía intentar que aquello no sucediese. Los orkos cercanos a Ghazghkull se quedaron por unos segundos parados viendo a su Jefe destrozar a su enemigo, y después, soltaron sus armas por un segundo aplaudiéndole con mucho orgullo.- IMBÉZILEZ, HAY UNA BATALLA KE GANÁ. CORRÉ A POR EZOZ DE AHÍ.- Fue la cariñosa respuesta del Profeta del Waagh.

Continuaron a la carrera en dirección a otro punto del campo de batalla donde acababan de manifestarse más demonios, en forma de un Devorador de Almas monstruoso que abría sus alas correosas tras la explosión de sangre que le precedió y unos Desangradores de Khorne que le escoltaban. Ghazghkull invocó un tremendo Waagh que se escuchó en kilómetros a la redonda, excitando los ánimos exaltados de sus guerreros, que en todos los puntos del combate se lanzaron de nuevo a la carga.

Justamente cuando el Profeta del Waagh y los suyos cubrían los últimos metros para chocar contra los desangradores, una figura alada de cuatro metros de altura y completamente brillante por la sangre fresca que la cubría se cruzó, haciéndole un gesto arrogante indicándole que iba a morir. Ghazghkull no dejó de vociferar mientras gritaba.

-IDIOTA KITANMEDIO, KE YO KIERO AL GRANDE PA MI, NO TÚ.- Ghazghkull y sus guerreros se lanzaron sobre el monstruo de Khorne. Éste, con gran habilidad, segó las vidas de varios orkos, antes de que el mismísimo Ghazghkull de un golpe lo tirase hacia atrás, derrumbándolo boca arriba. Después, se dedicó a pisotear el pecho del Príncipe Demonio mientras la armadura de éste no podía soportar las toneladas de peso de Ghazghkull. El príncipe demonio intentó deshacerse del Kaudillo intentándole atacar con su espada, pero Thraka le seccionó el brazo sin parar de pisotearlo. Por fin, la cavidad torácica del príncipe demonio no pudo resistir más y cedió, derramando icor en derredor. Luego, con un gesto de triunfo final, hincó su garra en el cuello de Príncipe Demonio para arrancarle la cabeza y tirarla con desprecio lo más lejos que pudo. Para terminar, escupió sobre el cuerpo sin vida del demonio, que se descomponía silenciosamente.- AL KE APLAUDA AHORA LO APALIZO. TAMOZ?

Los Orkos no se la jugaron y siguieron a su jefe. Mientras, a pocos metros, los Desangradores de Khorne y el Devorador de Almas habían destrozado a los chikoz de Gotgut. Los Desangradores se fijaron en el Kaudillo orko y emitiendo un grito de furia se dispusieron a recibir la carga orka. Mientras, el Devorador de Almas se dirigía a por un kamión que se acercaba a toda velocidad mientras hacía sonar el claxon ensordecedoramente.

-PERO ZERÁ MIERDA.- Dijo Ghazghkull al ver que el Devorador de Almas se largaba de allí.- VAMOOOOOOOOOOOOOOOZ.- Mientras cargaba a los soldados de Khorne.

Éstos eran grandes rivales, con una habilidad sobrenatural con el manejo de sus enormes espadones infernales que ardían con el fuego del infierno dentro de sus hojas. Sin mucho problema, reventaron a los orkos que habían acompañado a Ghazghkull. A cambio los orkos habían hecho mucho daño. Ghazghkull envió a varios de éstos de vuelta a su hogar con Khorne. Sin embargo, se había quedado solo luchando contra aquellas criaturas. Eran unos contrarios dignos, pensó Ghazghkull, pero no estaba para disfrutar de ello ahora. Él quería al más grande. Al mastodonte carmesí que movía las alas mientras se acercaba al kamión.

Los nobles al mando del matazanoz Gobsnik habían acudido en ayuda de su Jefe con rapidez, cruzando a bordo de su destartalado kamión las arenas del desierto a todo trapo. Éstos fueron los que ayudaron a Ghazghkull a deshacerse de los últimos desangradores que combatían con frenesí a pesar de estar vencidos. Cuando el último de los khornitas acabó siendo despachado por las rebanadoras orkas, Ghazghkull corrió para intentar atrapar al Devorador de Almas.

Cuando estaba a punto de darle caza, vio algo imposible. Un rayo verde salió disparado desde el kamión e impactó en el Devorador de Almas. Éste se quedó parado por un momento, sorprendido y mudo por aquello, mientras fibras de energía verde le rodeaban y se introducían por sus ojos, nariz, boca y orejas. Varios segundos después, el mastodonte se arrodillaba aquejado por un dolor terrible que le hacía temblar mientras su carne musculosa empezaba a brillar enfermizamente, hasta…

Ser sustituido por un garrapato, que reventó después de que un proyectil de akribillador lo destrozase en el instante.

Ghazghkull rugió de rabia y no evitó hacer un gesto de decepción evidente, mientras los nobles que le acompañaban se mantenían a una distancia prudencial de su Kaudillo.

El kamión paró ruidosamente, a punto de volcar sobre su eje, a pocos metros del Profeta del Waagh, sin parar de dejar sonar el claxon. Cuando la arena volvió a depositarse en el suelo, una figura enorme, abotargada, de ojos de cristal verde y ataviada con poco más que un braguero maloliente y restos de pieles a modo de chaqueta, tomaba tierra.

El Viejo Zogwort.

Ghazghkull sonrió maliciosamente.

-Táz chalao, pero erez útil.- Reconoció mientras soltaba una carcajada que el resto de Orkos siguieron.

1 comentario:

  1. grandioso relato.

    menuda batalla digna de ver seguro, como se las gasta el gazkhul de las narices, habra que probarlo.

    pobres demoniossss xDD

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